lunes, 21 de marzo de 2011

2.1 Sólo quiero dibujar

A finales de los ochenta principios de los noventa surgió un movimiento entre dibujantes y escritores, el autoeditarse. Uno de los revolucionarios mas importantes de esta etapa del comic fue Dave Sim.
Para Sim la única forma de asegurarse una libertad creativa absoluta era hacerlo todo solo, para el cualquier contrato firmado con un editor coartaba la libertad creativa y que la única forma de conseguir un trato justo era ser tu mismo editor. Como forma de controlar ru propio trabajo, la propuesta era realmente atractiva.
Asi que siguiendo el ejemplo de Sim, Kevin Eastman y Peter Laird pidieron prestados miles de dólares para poder publicar independientemente su propio comic, “Las Tortugas Ninja”, y con esta maniobra consiguieron hacerse millonarios.
La nueva revolución del comic, la autoedición era atractiva en muchos aspectos aunque en cierto caso era riesgosa.
La tensión entre editores y creadores fue creciendo y en 1986, se llevo una reunión en Toronto. Organizada por el mismo Sim que era nativo de Ontario, en donde varios historietistas hicieron un borrador del “Manifiesto Creativo”, que pretendía redefinir esa relación.
Pero en una reunión posterior organizada por los creadores de las tortugas ninja, con el intento de aclarar las preocupaciones de los creadores; Scott McCloud llevo el borrador de la “lista de derechos de los creadores”.
En la lista destacan cuatro de ellos:
1.- El derecho a la propiedad absoluta de todo lo que crean
2.- El derecho a controlar de forma absoluta la ejecución creativa de todo lo que poseen.
6.- El derecho a obtener consejo legal en cualquier transacción en la que participen.
8.- El derecho al pronto pago o a una fracción justa y proporcionada de los ingresos obtenidos por todas las obras.
La lista no genero demasiada polémica en la época, pero el concepto de poder innato de los creadores acabaría arraigando de una forma que nadie esperaba.
A principios del año de 1992, creadores de primera fila formaron su propia compañía y dieron la espalda a los editores mainstream.
La compañía “Images Comics” obtuvo un éxito automático, pero los creadores de Image continuaron creando obras de género habituales en el mainstream. Confundiendo a puristas que consideraban los derechos de autor como algo íntimamente relacionado con las altas aspiraciones al comic.

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